Pablo Sebastiá, o cómo dejar un Mercedes por una Vespa
¿Se puede abandonar una vida cómoda por la dura vida de escritor no consagrado? ¿Qué ocurre cuándo tomas esta decisión? A todo esto nos responde Pablo Sebastià, autor de la novela, El último grado, un thriller con tintes de ciencia ficción y novela histórica.
Pablo Sebastià cambió de vida de la noche a la mañana. Dejó a un lado los lujos de su empleo como director de marketing en una gran multinacional, para escribir en su casa. Su última novela es El último grado, un thriller con pinceladas de distintos géneros acerca de una conspiración que supera los límites de lo racional.
¿Cómo surge la idea para aunar todos los elementos que participan en esta novela? Es un thriller que tiene pinceladas de novela histórica y de ciencia ficción. Surge como todas las novelas, un día tienes una idea, y esa idea, o va creciendo o va muriendo. En este caso fue creciendo. El proceso de escritura fue de dieciocho meses.
La novela está muy bien documentada, ¿fue sencillo el acceso a las fuentes? No, fue muy costoso. Cuando escribo thriller, ya tengo cogido el truco a la búsqueda de información. Sin embargo, en esta, fue más difícil. La parte referente al funcionamiento de las grandes corporaciones que dirigen el futuro del mundo en secreto día a día, fue más ágil, además, fu necesaria una potente búsqueda de hechos históricos no muy conocidos. La historia de Sumer es compleja, hallar información sobre los griegos minoicos de Creta, los que Platón llamaba Atlantes, también tiene su aquel.
¿Cuál ha sido la fuente principal? El primer barrido, Internet. Después, mediante Internet también, corroborar la primera información. Esta fase es la que menos me gusta, es muy laboriosa. Cuando ya tienes esto, hay que acudir a bibliografía especializada. Por cierto, en mi opinión, la Wikipedia ni olerla.
¿Cuáles son tus autores de referencia? Me gusta el tratamiento de la violencia de Boris Vian, la violencia no tiene por qué suavizarse en la novela, yo intento que sea desgarradora. La tramas, hay multitud donde elegir, como Le Carré, por ejemplo. Y por qué no, si buscas agilidad en la lectura, el estilo de los grandes best-sellers, si tienen una virtud, es precisamente esa.
Cambiando de tercio, ¿cómo fue dejar de lado tus quehaceres habituales por la escritura? A mí no me resultó difícil porque lo llevaba madurando mucho tiempo, lo hablé con mi mujer, ella me dijo que adelante, y cuando en casa lo tienes claro, lo tienes claro. Es curioso, en la empresa no lo comprendieron. Yo trabajaba de director de marketing en una multinacional, muy potente en toda España, parte de Europa, y parte de África. Imagínate mi agenda. Cuando un día voy al departamento de recursos humanos, a abandonar un Mercedes de empresa, un gran sueldo, un estupendo seguro de salud, el compañero me preguntó ¿dónde te vas, a qué empresa de la competencia? Le dije que a mi casa, a escribir. Acababa de publicar una novela corta, pero para escribir algo más largo necesitaba tiempo. Evidentemente no se lo creyó de ninguna de las maneras. Fue muy traumático hacerles entender que no me iba a ninguna empresa, [risas]. Un año después comprobaron que efectivamente, estaba en mi casa.
Cuando dejaste el Mercedes, etc., llegaste a tu casa y te sentaste en el sofá, ¿que pensaste? Sinceramente me sentí muy bien. El día siguiente, me fui con mi mujer a tomarme una cervecita en una terraza y pensé, ostras, ¡qué bien! Después de diez años de ritmo frenético, levantándome a las siete de la mañana y llegando a las 21 de la noche, imagínate. Además, viajaba por todas partes. Esa tarde, en esa terraza, fui consciente de que había acertado. Tenemos un miedo irracional, muchas veces estás trabajando en una empresa que es completamente contraria a lo que tú crees, quieres o piensas. Mis padres no lo entendieron, hasta que vieron las segunda novela publicada.
¿Está dando sus frutos la decisión? De momento parece que sí, de las primeras se vendieron mil de cada una, en El último grado, vamos a por los tres mil. Es un salto tanto cuantitativo como cualitativo.
¿Cómo ves el panorama editorial? Es muy sencillo de explicar, hay cuatro monstruos que se lo comen todo y luego muchos pequeños que hacen lo que pueden, mejor o peor. Yo estoy satisfecho con mi editorial, están peleando a muerte por que tenga difusión.
¿Te da para vivir? No, da para caprichos. Yo me he comprado una Vespa.
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