“He aplicado a la literatura mi cabeza de ingeniero”
Tras el éxito de Cuarta Planta y su reconocimiento como guionista, Albert Espinosa se ha colado en la lista de los más vendidos con su nueva novela, Si tú me dices ven, lo dejo todo, pero dime ven, un libro sin artificios que, hasta el momento, está teniendo una gran aceptación entre todos los públicos, desde los más jóvenes a los octogenarios.
Menudo éxito en Sant Jordi, ¿no? La verdad es que sí, yo creo que he llegado a firmar unos 4.200 libros, porque eran las camisetas que teníamos y se agotaron, fue muy bonito, un día genial y muy intenso.
¿Te sorprendió algo que te dijesen de esta novela? Me sorprendió una señora de 102 años, que vino y me dijo que este libro le había marcado enormemente y me emocionó que le interese algo que pueda escribir yo.
Tú tienes una relación muy intensa con las personas mayores… Sí, me gustan mucho, de hecho el título del libro me lo dio una mujer mayor en la panadería. Creo que hay una sensación de admiración, en el hospital cuando yo estaba ingresado de pequeño solo estábamos los niños con enfermedades largas y la gente mayor y se terminan convirtiendo en tus amigos, desde los 13 o 14 años he tenido amigos de 80 y pico años.
¿Eran como tus abuelos? Más que nada era como tener amigos grandes, tenías la sensación de cercanía, noto que la gente mayor se acerca a mí, me cuentan muchas cosas, al igual que los niños.
Hablemos de esta historia… de Dani, ¿quién es? Es el gran prota, el que busca niños perdidos, al que deja la novia y el que al principio del libro dice, “cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas” y creo que Dani se siente así.
La novela arranca con un día un poco extraño… Yo creo que es uno de sus peores días y aparte él se siente culpable por lo que ha pasado y tiene la paciencia de contarnos el porqué y por eso tiene un final feliz, porque ya la gente no tiene paciencia ni para contarte, hoy la gente no intenta entender porqué la gente hace lo que hace, a mí me gusta esa sensación de búsqueda y de intentar explicarte qué es lo que le marcó en la vida.
Eres dramaturgo, guionista, novelista… ¿es todo un poco lo mismo? Yo creo que sí. A mí me gusta escribir, yo empecé cuando estudiaba Ingeniería, ahí me di cuenta de que me gustaba escribir y el poder de la literatura, he aplicado a la escritura mi cabeza de ingeniero por eso hago tantas cosas. Yo siempre digo que lo importante es tener un buen final, y por eso empiezo por el final, yo escribo finales que merecen una historia, siempre empiezo a escribir el último capítulo. Por ejemplo ayer una chica me contaba una cosa y pensé, aquí hay un final interesante, ahora tendría que encontrar la historia y algún día llegará y se juntarán.
¿Y ser ingeniero te da una visión más general de la novela? Durante siete años, en la facultad, me enseñaron a ser el centro entre mucha gente y a solucionar problemas, además el ingeniero industrial no tiene una vocación clara, y a mí me ha ayudado para llevar mi mundo a mundos que quizás me parecerían muy complicados, pero la ingeniería es tan complicada, que nada me parece más difícil.
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