“Hace falta un organismo internacional con dirigentes con cojones”
Dominique Lapierre es de aquellos escritores que llegan, que saben vender y que hacen un tipo de literatura que, como Gardel, cada día que pasa parece mejor. Ahora, presenta la Biblioteca Lapierre, una nueva edición de sus inmortales obras que publica Planeta.
¿Cuál es la clave de su éxito? Yo creo que la fuerza de mis libros es que pueden interesar a todos los públicos, es un mosaico de acontecimientos organizados para que interese a todos los tipos de gente. Un best seller no se escribe, se escribe el mejor libro que puedes, pero hay algunas reglas. Las básicas son que el tema sea internacional, que pueda interesar a un médico de México, a un industrial de Japón o a un obrero de Inglaterra. La segunda regla es que debe ser contemporáneo, mi fuerza de escritor es de hacer entrevistas, si yo escribo de Hernán Cortés, que es una gran historia, no puedo hablar de ese tiempo porque sólo puedo trabajar con archivos o con libros ya escritos, que sea contemporáneo es mi fuerza.
Ahora que ha salido la biblioteca Dominique Lapierre, ¿reescribiría algo? No, es muy interesante lo que planteas, porque a veces yo leo un libro de los míos y pienso cómo lo haría hoy y, aunque a veces hay cosas marginales que cambiaría, la esencia no, eso quiere decir que este libro está hecho para la eternidad.
Cuando pienso en Arde París, pienso en por qué no se liberó otras capitales del mismo modo como Bagdad… Porque yo creo que no era una ciudad importante como París, que era el símbolo de la civilización, es un símbolo de la cultura mundial y en aquel tiempo era el símbolo de la libertad. Recuerdo que un los soldados norteamericanos, que no conocían nada de esa guerra, cuando llegaron a París y pudieron ver la torre Eiffel, era como si encontrasen la razón por la que luchaban en esa guerra, muchos soldados esa noche escribieron a sus familias para contarles que la guerra había terminado porque se había terminado en París.
La ciudad de la alegría fue algo más que un libro, ¿no? Fue un proyecto personal, descubrir que en un barrio de nuestro planeta se encuentra el infierno. Y allí se pueden descubrir y encontrar héroes, gente que no tiene nada, pero que parecen tenerlo todo, porque tenían la capacidad de sobrevivir a las adversidades, de quedarse de pie, de agradecer a Dios, en un sitio donde Dios ha dejado de lado a sus niños, de compartir con más pobres, esos héroes eran para mí los superhombres de nuestra humanidad.
¿Quedó muy tocado de esa visita? Sí, yo le dije a mi esposa, “yo tengo que ser la voz de esa gente sin voz, tengo que escribir su aventura de supervivencia”. Fue una investigación muy difícil, pasé dos años con las ratas, con las cucarachas, la mierda… en un barrio de chabola de Calcuta que se llama ‘La Ciudad de la Alegría’. Mis editores me dijeron que estaba loco por escribir una historia de leprosos que no iba a leer nadie y yo les conteste que no me importaba porque tenía que ser la voz de esa gente. Hoy, más de 50 millones de personas han leído la historia y yo he recibido 250.000 cartas, es un libro de culto que ha cambiado la vida de mucha gente.
Y El Quinto Jinete fue un libro premonitorio. Sí, porque tomé a una persona que tiene todo el dinero del mundo, que es a la vez fanático y a un Occidente que le vende las tecnologías más peligrosas, algo que sigue sucediendo. Por ejemplo, hay ahora en Pakistan cinco centros donde hay más de 60 bombas atómicas en miniatura en manos del gobierno paquistaní. Si hay una revolución en ese país y caen en manos de Al Qaeda, pueden usarla para estallarlas en el centro de una ciudad, es la cosa más fácil del mundo y eso es muy peligroso y tenemos que tener mucho cuidado.
¿Es el mismo Gadaffi el de ahora que el que usted habla? Sí, es el mismo, está loco, ¿qué puedes hacer con un loco? Este hombre realmente es una tragedia total y yo creo que las potencias occidentales deben bombardear a Gadaffi con todas las fuerzas que se pueda porque hay gente que es mala en este mundo, y debemos tener la fuerza para que desaparezcan esos vehículos del daño.
Quizás el problema es quién decide quiénes son los malos… La ONU o un organismo similar, pero con jefes que tengan cojones. El problema de la ONU es que muchas veces sus responsables no los tienen. Por ejemplo es lo que pasa en Costa de Marfil donde hay miles de muertos y no se interviene pese a que hay 10.000 soldados de la ONU allí.
También te puede interesar ...
El MuVIM recupera a Émile Savitry y homenajea al artista gráfico Max Crear en tiempos revueltosDeja un comentario
Otros lectores también leyeron...











